Desde la red asistencial enfatizaron la importancia de retomar gradualmente las rutinas en los días previos al inicio del año escolar, con el objetivo de favorecer un retorno tranquilo, positivo y seguro para niñas, niños y adolescentes. Con la proximidad de un nuevo año académico, muchas familias comienzan a prepararse para el regreso a clases, un periodo que puede generar diversas emociones en niñas, niños y adolescentes (NNA). Tras las vacaciones de verano, el cambio de horarios y la reanudación de obligaciones diarias implican un proceso de adaptación que, en algunos casos, puede provocar ansiedad o inquietud, especialmente en los más
pequeños. En este contexto, desde el Servicio de Salud Ñuble (SSÑ) reforzaron el llamado a acompañar este proceso de manera anticipada, promoviendo la reinstalación paulatina de hábitos y rutinas que faciliten la transición desde el periodo de descanso hacia las exigencias propias del año escolar, como parte de las acciones de promoción y cuidado de la salud mental impulsadas por la red asistencial. Al respecto, la Directora del SSÑ, Elizabeth Abarca Triviño, señaló que: “El retorno a clases es una etapa cargada de emociones, algunas pueden ser positivas, como la alegría de reencontrarse con compañeros y profesores, pero también pueden aparecer sentimientos de temor, preocupación o nerviosismo. Para disminuir situaciones estresantes, es recomendable retomar progresivamente los horarios de sueño que tenían durante el periodo escolar y preparar con anticipación útiles y materiales para el primer día”. Por su parte, la Psiquiatra Infanto Adolescente y Jefa del Departamento de Salud Mental del SSÑ, Dra. Claudia Quezada Nitor, explicó que existen grupos que requieren una preparación aún más estructurada. “Hay niños y niñas, por ejemplo dentro del espectro autista, que necesitan mayor anticipación y claridad respecto a lo que ocurrirá. Asimismo, quienes ingresan por primera vez al sistema escolar pueden beneficiarse de visitar previamente el establecimiento o realizar actividades lúdicas que representen el primer día de clases, lo que contribuye a que se sientan más seguros y confiados”, señaló.
Finalmente, la Dra. Quezada subrayó la importancia de respetar los tiempos individuales de adaptación: “Cada niño tiene su propio ritmo, por lo que es fundamental actuar con paciencia y validar sus emociones. El diálogo constante es una herramienta clave. No obstante, si después de un mes persisten dificultades significativas, tristeza o angustia, es importante acudir al centro de salud más cercano para una evaluación”. El regreso a clases no solo representa un desafío para niñas, niños y adolescentes, sino también para padres, apoderados, docentes y la comunidad educativa en su conjunto. Por ello, desde la red asistencial reiteraron el llamado a priorizar el cuidado de la salud mental, mantenerse atentos a señales de estrés o sobrecarga emocional y acudir oportunamente a los establecimientos de atención primaria ante cualquier preocupación relacionada con el bienestar de las y los estudiantes.












