Especialistas advierten que anticipar la reorganización de horarios tras las vacaciones de verano es clave para un regreso seguro, favoreciendo la salud, la adaptación escolar el bienestar emocional. Con miras al inicio del año escolar, profesionales de la red asistencial reforzaron el llamado a las familias a acompañar el retorno a clases con medidas preventivas que resguarden la salud integral de las niñas y niños, entre ellas, la regulación anticipada de los ciclos de sueño. Tras el periodo estival, los horarios suelen desplazarse hacia rutinas más tardías, por lo que especialistas recomiendan iniciar gradualmente el proceso de ajuste para facilitar la adaptación física y emocional. Al respecto, el Subdirector de Gestión Asistencial del Servicio de Salud Ñuble (SSÑ), Dr. Max Besser Valenzuela, enfatizó que el descanso adecuado forma parte de las estrategias de cuidado integral que promueve la red pública de salud: “Como red asistencial reforzamos el llamado a las familias a acompañar este regreso a clases con hábitos saludables. Regular el sueño es una medida concreta de prevención y bienestar, que influye en el rendimiento académico, la salud mental y la respuesta del organismo frente a distintas enfermedades. Un retorno seguro también implica preparar el cuerpo y la mente de niñas y niños, y el descanso adecuado es una base fundamental para poder lograrlo”. El especialista añadió además que “el sueño cumple un rol protector en el desarrollo
infantil, contribuyendo a fortalecer funciones cognitivas, emocionales e inmunológicas, por lo que su regulación debe entenderse como una práctica de salud
cotidiana y no solo como una exigencia escolar”. Desde la mirada clínica, la Neuróloga y Subdirectora Médica del Hospital de San Carlos, Dra. Natalia Hernández Lagos, explicó que este periodo de transición requiere preparación anticipada y rutinas consistentes: “El retorno a clases implica un ajuste
biológico importante para niñas y niños, principalmente porque durante las vacaciones sus horarios de sueño suelen desplazarse hacia ciclos más tardíos. No se trata solo de dormir más o menos horas, sino de reordenar el reloj interno. Lo ideal es iniciar la regulación al menos dos semanas antes del regreso, adelantando progresivamente la hora de acostarse y despertarse, junto con rutinas predecibles que
incluyan disminución de pantallas, actividades tranquilas y una cena más liviana. El cerebro infantil necesita señales consistentes para anticipar un adecuado descanso. “Un buen dormir impacta directamente en aspectos cognitivos, emocionales y aseguran un adecuado crecimiento y desarrollo. Por eso es fundamental que el dormitorio sea un espacio oscuro, silencioso y libre de dispositivos electrónicos, y que el despertar se acompañe de luz natural y movimiento. La constancia es lo más importante: mantener horarios similares incluso el fin de semana ayuda a estabilizar el ciclo de sueño, favoreciendo el bienestar integral de las y los niños”, añadió la facultativa. Desde la red asistencial reiteraron que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden generar un impacto significativo en la salud infantil y en la adaptación al ritmo escolar, invitando a madres, padres y cuidadores a priorizar rutinas de descanso como parte de la preparación para el nuevo año académico que se aproxima.












