El mandatario estadounidense llegó a Israel esta mañana a las 9:30, fue recibido en el aeropuerto Ben-Gurión por el presidente Isaac Herzog y el primer ministro Benjamin Netanyahu. La agenda oficial incluyó reuniones privadas con Netanyahu y su histório discurso en la Knesset.
El acuerdo alcanzado, resultado de intensas negociaciones en las que Trump desempeñó un papel central, empezó a cumplirse esta mañana cuando comenzaron las liberaciones de los secuestrados con vida que permanecían cautivos del grupoterrorista Hamas en Gaza desde hace más de dos años.
La visión del norteamericano se centró en lograr resultados concretos a corto plazo, sin abordar de inmediato los temas más complejos. “Si se hubiéra intentado una negociación de paquete completo, no habríamos alcanzado estos resultados”, deslizaron días atrás… Ahora comienza la segunda fase, tan compleja –a priori- como lograr las liberaciones. Es que aunque el pacto representa un gran avance, sus límites son evidentes: no implica el desarme inmediato de Hamas ni una retirada total de las fuerzas israelíes.
Tas su paso relámpago por Israel, el norteamericano volará a la ciudad egipcia de Sharm el Sheij, donde más de 20 líderes mundiales, entre ellos los mandatarios de Reino Unido, Italia, España y Francia, confirmaron su asistencia a la cumbre copresidida con el jefe de Estado egipcio Abdelfatá al Sisi. El objetivo central del encuentro es firmar el acuerdo que ponga fin a la guerra en Gaza y siente las bases para una nueva etapa de estabilidad en Oriente Medio.
El primer ministro de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, afirmó que “Hamas está dispuesto a discutir cómo no representará una amenaza para Israel”, aunque ningún dirigente del grupo terrorista confirmó públicamente esa disposición ni aceptó el desarme total. La comunidad internacional, por su parte, insiste en la necesidad de avanzar hacia la reconstrucción de Gaza y la creación de un Estado palestino, aunque persisten las dudas sobre el liderazgo y la viabilidad de ese proyecto.
El impacto político de este episodio es profundo. Para Israel, la liberación de los rehenes y la retirada parcial de tropas ofrecen un respiro tras meses de aislamiento y críticas internacionales, pero también exponen la fragilidad de su posición y los desafíos que enfrenta el gobierno de Netanyahu. Para Trump, el acuerdo representa una gran victoria y la oportunidad para demostrar su capacidad de negociación y obtener reconocimiento internacional.
La implementación del pacto dependerá de factores aún inciertos, como la disposición real de Hamas a renunciar a las armas y la capacidad de la comunidad internacional para garantizar la estabilidad en Gaza.
En este contexto, la cumbre de Sharm el Sheij será clave y su exito se medirá en logros. El listado de tareas es tan amplio como complicado: buscan formalizar un plan de paz que incluya el desarme de Hamas, la creación de una fuerza internacional de seguridad y la instauración de un nuevo gobierno en Gaza. El proceso también contempla la reconstrucción del enclave y la coordinación internacional para asegurar una estabilidad duradera.
Hoy Trump obtuvo su primer gran triunfo geopolítico. Voló hasta Medio Oriente, disfrutó del reconocimiento y ahora toca demostrar que lo que parece una oportunidad se puede transformar en historia.












